Del 4 al 10 de mayo hemos rezado en torno al día de la Madre Tierra, en la presencia Vedruna de La Chácara de Maringá, Brasil. Ambientamos la capilla y pusimos en la presencia del Señor a países, personas, familias y situaciones concretas. Los textos del Evangelio propuestos por la Liturgia de cada día fueron fuente de iluminación y compartir, al presentarnos a Jesús Resucitado deseando y promoviendo la paz. Cuidar de la tierra es una acción concreta en favor de la justicia y la paz.
El 5 de mayo nos reunimos con los vecinos en la casa de una familia para rezar y compartir. Reflexionamos en torno al tema: “Cuidar de la tierra es cuidar de los pobres”, iluminados por el texto de Mt 25, 35-40.
El domingo 10 de mayo, mientras las familias celebraban el Día de la Madre, como comunidad de hermanas junto con otras hermanas tuvimos un día de silencio, oración y compartir desde la propuesta ofrecida por nuestras hermanas de la Comisión de Paz e Integridad de la Creación. Agradecimos a Dios y a la Comisión por recordarnos el compromiso con la Madre Tierra. cerramos la jornada compartiendo las luces y llamadas recibidas.
De lo compartido, resaltamos la conexión con los documentos congregacionales, especialmente «Nacer de Nuevo«, que nos invita y desafía a desarrollar una nueva mirada global e inclusiva frente a la realidad del mundo. Una mirada que nace de la capacidad de reconocer que estamos está interconectadas como humanidad y que los desafíos sociales, ambientales y humanos requieren respuestas solidarias y comunitarias.
El camino hacia este cambio de mirada es pedagógico y procesual, personal y colectivo, y nos impulsa a dejar de ser autorreferenciales. La Congregación nos pide superar fronteras, prejuicios e indiferencias, acogiendo la diversidad como una riqueza. Inspiradas por Joaquina de Vedruna, somos invitadas a caminar junto a las personas más vulnerables, promoviendo la justicia, el cuidado y la fraternidad universal. Cultivar una nueva mirada supone abrirnos a la transformación personal y comunitaria, fortaleciendo la esperanza y el compromiso.
Es una esperanza renovable, porque nace de Dios y se fortalece en la vida compartida, en la solidaridad y en el cuidado de los más frágiles. Comprendemos que nuestra esperanza se renueva cuando acogemos la realidad con valentía y confianza, dejándonos transformar para transformar el mundo. Es una esperanza activa que genera fraternidad, compromiso y vida nueva. Como Joaquina de Vedruna, estamos llamadas a “nacer de nuevo” cada día, sin perder la confianza ni el horizonte hacia el futuro.
La construcción del Bien Común requiere una esperanza activa y se realiza a través del compromiso con la justicia, la fraternidad y el cuidado de la vida.
Inspiradas por Joaquina de Vedruna, queremos ser “semillas de transformación”, sembrando gestos de amor, paz y cuidado.
Hna. Noeli Massoni, CCV



