En Taiwan, dentro de la Provincia de Japón, la hermana Rosa ha preparado este triduo de oración por la fiesta de Santa Joaquina.
Santa Joaquina fue una mujer verdaderamente única y extraordinaria, caracterizada por una «triple identidad» y una «triple vida». A lo largo de su camino, abrazó tres vocaciones distintas: fue una madre devota de nueve hijos, una viuda resiliente y, finalmente, la fundadora de una congregación religiosa.
El 22 de mayo, la Iglesia católica celebra la festividad de Santa Joaquina de Vedruna. Al celebrar su festividad, aprovechemos esta oportunidad para profundizar en su riqueza espiritual e inspirarnos en sus extraordinarias virtudes.
Día 1. Santa Joaquina de Vedruna como madre
Al comenzar este Triduo, profundicemos en la vida de Joaquina como madre. Dios la llamó a la maternidad en dos ocasiones: primero, a una familia distinguida y bendecida con muchos hijos, y más tarde, a la familia espiritual que ella misma fundó: las Carmelitas de la Caridad, conocidas cariñosamente como las “Hermanas Vedruna”
En su vida matrimonial, Joaquina fue el ejemplo de esposa y madre cristiana. La misma ternura que sentía por Dios, la derramaba de todo corazón sobre su esposo e hijos.
Incluso cuando experimentaba profundas revelaciones espirituales en la oración, nunca descuidaba sus deberes como esposa y madre. Consideraba la maternidad biológica no solo como un papel, sino como una misión sagrada que Dios le había confiado.
Era tanto maestra como madre para sus hijos pequeños. Cada mañana, el día de sus hijos comenzaba con ella trazando la señal de la cruz en sus frentes al despertarse. Con incansable paciencia, les dio ejemplo de la vida cristiana, inculcándoles un amor profundo y devoto por Dios.
La ternura y el amor de santa Joaquina por sus hijos encarnaban la maternidad divina. Este amor fue la clave para la educación de sus hijos; como dijo el papa Juan XXIII:
«Ella es el modelo de una madre cristiana que educó con éxito a sus hijos»
Esta rica experiencia maternal le proporcionó una perspectiva poco común entre los fundadores religiosos. Le permitió guiar a sus hijas espirituales con un grado asombroso de consideración, perspicacia y un amor protector que solo una madre puede proporcionar verdaderamente.
Día 2. Santa Joaquina de Vedruna como viuda
Ayer reflexionamos sobre la vida de Joaquina como madre. Hoy contemplamos su trayectoria como viuda.
Cuando falleció el marido de Joaquina, ella comenzó una nueva etapa como madre viuda. A pesar de su noble posición social, eligió conscientemente una vida de extrema sencillez. Se trasladó a la habitación más humilde de su casa, despojando su entorno de todo lujo. Su cama de madera solo tenía una estera vieja y fina; usaba una piedra como almohada, y sus comidas eran increíblemente modestas, a menudo consistiendo en nada más que las sobras de los demás.
Su profundo amor a Dios le permitió no solo soportar la pobreza, sino abrazarla de verdad. Incluso cuando poseía objetos de valor, los llevaba a la iglesia de los Capuchinos de Vic como ofrenda a su amada Santísima Madre. Para sí misma, eligió el camino de la caridad activa. Cada semana visitaba la Casa de la Caridad para realizar las tareas más humildes, sirviendo a los pobres y marginados con una humildad profunda y sincera.
Hoy, cada alma consagrada, cada madre y cada viuda puede encontrar en Joaquina un modelo digno de imitar:
- Las hermanas consagradas pueden aprender de ella cómo servir y ofrecer sus vidas a Dios con un corazón verdaderamente alegre.
- Las esposas pueden aprender a cuidar y educar a sus hijos con espíritu de prudencia y un corazón alegre.
- Aquellas que han perdido a sus maridos pueden aprender a sobrellevar el dolor y las dificultades, eligiendo desprenderse de los apegos terrenales perecederos para buscar los tesoros eternos del Cielo.
Día 3. Santa Joaquina de Vedruna como buscadora
Más allá de sus roles como madre y viuda, Joaquina de Vedruna fue una buscadora, alguien que dedicó toda su vida a buscar la voluntad de Dios. Al buscar la unión constante con el Señor a través de la Eucaristía, su fe y su confianza crecieron profundamente, llevándola a una intimidad más profunda con Él.
En momentos de lucha espiritual o de dolor interior, Joaquina no buscaba consuelo humano. En cambio, encontraba su fuerza a los pies de Cristo en la Cruz. A menudo se retiraba al ático de su casa, donde las vigas estructurales formaban una cruz, y permanecía allí en oración durante horas.
Buscar la voluntad de Dios era el motor de todo lo que hacía. En sus cartas, escribía:
«Que la voluntad de Dios se cumpla plenamente por todos los medios».
En otra, declaraba:
«Quiero lo que Dios quiere; en todas las cosas, que se haga la voluntad de nuestro amado Dios».
Para Joaquina, buscar a Dios de manera perfecta exigía un desapego total de las cosas mundanas, lo que le permitía dedicarse por completo al Ser Supremo, el único capaz de satisfacer los anhelos del corazón humano. Así se lo recordaba a las hermanas de su congregación: «Solo el amor de Dios es perdurable; todo lo demás pasa. Busquemos las cosas que son eternas».
Hna. Rosa Dabhi, ccv



