Comunión, oración, intercambio de experiencias y esperanza renovada en la celebración de las viudas

Como parte de nuestra celebración del bicentenario, queríamos rendir homenaje y celebrar la vida, la dignidad y la fortaleza de las viudas de nuestra sociedad.

El programa se celebró con mucha alegría y entusiasmo, y reunió a viudas de los pueblos de los alrededores. Fue un momento de compañerismo, oración, intercambio y esperanza renovada. La celebración nos recordó a todos que la viudez no es el final del camino, sino que puede convertirse en un nuevo comienzo lleno de valor, dignidad y sentido.

Empezamos el programa contando la historia de la vida de Santa Joaquina con una presentación en PowerPoint, con la que les hablamos de ella a nuestras chicas.

Seguimos con nuestra celebración con la solemne Eucaristía, durante la cual se procesó la estatua de Santa Joaquina como símbolo de la fundadora, que emprendió su camino con fe, valentía y confianza en Dios. Detrás de ella, cuatro mujeres llevaban velas encendidas. Cada vela representaba uno de los continentes en los que se ha extendido la misión de la Congregación y cómo la luz y el espíritu recibidos de Santa Joaquina siguen transmitiéndose de un continente a otro.

El simbolismo expresaba de forma preciosa que una pequeña llama de amor generoso puede convertirse en una luz para el mundo entero. La visión de santa Joaquina, que nació en un lugar pequeño, ha traspasado fronteras y sigue tocando vidas a través de la educación, la asistencia sanitaria, la pastoral, la atención a los pobres y el servicio a las mujeres y los niños.

El día terminó dando gracias a Dios por el don de santa Joaquina, por los doscientos años de misión de la Congregación y, sobre todo, por el don de cada viuda que sigue su camino con valentía y fe.

Comunidad de Unai