El día 11 de enero de 2026, con profunda emoción, vivimos como comunidad de la Casa General el momento de la apertura del relicario de nuestra Santa Madre Joaquina de Vedruna, para su limpieza, restauración y, al mismo tiempo, protección y conservación de la reliquia.
Desde la capilla, donde se encuentra el relicario, fuimos en procesión, acompañando la reliquia y cantando, hasta la sala designada para ello. Además de la comunidad, se encontraban con nosotras los PP. Dehonianos que habían acudido esa mañana a casa a la celebración de la Eucaristía: Ramón Dominguez Fraile y Nhat Nguyen Van. El ambiente era sobrecogedor. Permanecimos unidas, en silenciosa oración y llenas de una emoción difícil de expresar, durante todo el procedimiento.
En la sala, con gran dignidad y cuidado, D. Luciano Griggio, diácono experto en esta materia, comenzó su labor, mientras nosotras éramos testigos, en silencio y con el corazón recogido. Finalmente, al abrirlo, no sin dificultad que requirió pericia, limpió con delicadeza y habilidad la reliquia —el cerebro y el cerebelo–. Comentó el experto que estaba muy bien conservada. Intuyendo nuestros sentimientos y deseos, nos permitió sostener durante unos breves momentos en nuestras manos este tesoro tan venerable. Fue un momento entrañable y profundamente místico. Cada una, en el silencio de su corazón, guarda esta experiencia para siempre.
En este clima de recogimiento, dábamos gracias a Dios por nuestra Santa Madre, una mujer sencilla y de fe profunda, pero ya una figura luminosa en la Iglesia, por los frutos que a lo largo de estos doscientos años nuestra familia Vedruna ha recibido, y pedimos fuerza y gracia para seguir adelante en fidelidad, dando respuestas a los gritos de la humanidad en nuestros entornos, así como lo hizo ella y las comunidades a lo largo de nuestra historia. Este gesto fue un privilegio para nuestra comunidad, en el que también tuvimos presente a toda la Familia en los diferentes continentes.
Una vez realizado el proceso de conservación, D. Luciano depositó temporalmente la reliquia en un contenedor de cristal para situarlo de nuevo en la capilla mientras durase la limpieza y restauración del relicario. La reliquia volvió a ser depositada en su lugar en la capilla.
Unas semanas más tarde, el día 17 de febrero, cuando el relicario llegó a casa después de la restauración, nos reunimos de nuevo para depositar en él la reliquia, que desde la beatificación en el año 1940 había estado allí depositada. La apariencia del relicario había cambiado: resplandecía con una luz renovada que realzaba la viveza de sus colores y la delicadeza de sus incrustaciones.
Tras colocar en su interior la reliquia y sellar el relicario, la Hna. General, M. Teresa Cuervo, ante toda la comunidad leyó el “Acta de Entrega y Recepción” donde se explica el proceso seguido, firmándola a continuación cuantas habían de certificar el Acto: la H. General y su Equipo, D. Luciano Griggio y P. Ramon Dominguez Fraile. La Hna. General, M. Teresa Cuervo, y la Hna. Lucy Mhatara, secretaria general, firmaron en un papel aparte, que fue guardado en la base del relicario.
Finalmente, nos dirigimos juntas a la capilla entonando cantos a Sta. Joaquina. Nuestros corazones rebosaban de alegría ante este hecho inédito. El relicario fue depositado en su lugar de siempre, de manos de Hna. María Teresa. Era como si la voz de Joaquina nos susurrara: “Todo por la gloria de Dios. Os envío con mi bendición para que continuéis firmes en el compromiso de “Nacer de Nuevo” en este Bicentenario y en los años venideros.»
Damos gracias a Dios por este acontecimiento, vivido con tanta gracia en nuestro Bicentenario. Que lo vivido permanezca como una memoria viva que nos una, nos fortalezca y nos impulse a seguir caminando juntas con esperanza y entrega.



