Café pedagógico con sabor a chocolate

La Comunidad Educativa Teresita González Quevedo de Anaco, Venezuela, nos reunimos este 13 de mayo, invitados por la coordinación pedagógica.

El objetivo de este encuentro fue vivir un espacio de formación y sensibilidad profundamente humano titulado “Café pedagógico con sabor a chocolate: todos cabemos en esta taza”, con el propósito de «Educar en la diversidad, incluir desde el corazón”. Queremos transformar nuestras aulas en comunidades donde cada estudiante sea visto, valorado y acompañado en su singularidad. La Licda. Ana Brazón fue quien nos acompañó en este camino y búsqueda, de manera creativa, dinámica y participativa.

El ambiente estuvo marcado por una alegría contagiosa y una buena acogida de los asistentes. Nos sentimos como compañeros/as, dispuestos a compartir un chocolate y experiencias, permitiéndonos mirar la realidad y buscar respuestas en conjunto. El acto simbólico de recibir una taza decorada con la frase “Aquí cabes tú, cabemos todos” permitió que cada participante nos apropiáramos del encuentro. En ella plasmamos nuestros nombres y una palabra que define nuestra visión de la inclusión.

Posteriormente realizamos la dinámica de la “Silla de Mateo”, que ayudó a crear un espacio para reflejar nuestra realidad. Personificamos los desafíos de un estudiante llamado, simbólicamente, Mateo, quien posee condiciones que lo hacen diferente al resto. A partir de la silla vacía de Mateo, se abrió un espacio al diálogo, donde reflejamos, con valentía y honestidad, las dificultades que muchas veces nos «quitan el sueño» al gestionar la diversidad.

Fue un ejercicio necesario para reconocer que, en ocasiones, la realidad de un estudiante con sus sueños, alegrías, tristezas, soledad, miedos, depresión y necesidad de ser escuchado puede sentirse más pesada que la del resto del grupo; sin embargo, también descubrimos que esa carga se vuelve más llevadera cuando es compartida por un equipo que nos acompaña.

En las mesas de café, se vivieron momentos de diálogo, reflexión y deseo de crear nuevas estrategias para responder a nuestra realidad dentro de los espacios de aprendizaje.

Analizamos tres dilemas críticos de la práctica diaria, repartidos en 3 mesas de diálogo:

  • Chocolate Amargo (la Justicia): los integrantes de esta mesa debatieron sobre la igualdad en la evaluación cuando existen adecuaciones curriculares, analizando cómo explicar al entorno que el éxito tiene escalas distintas para cada persona.
  • Chocolate en Rama (los Ritmos): Se abordó la gestión de los distintos ritmos de aprendizaje, buscando estrategias para no frenar a los más rápidos ni dejar atrás a quienes necesitan más apoyo.
  • Chocolate con Sal (la Cultura): Se trabajó el límite entre el respeto a los valores familiares y el derecho propio del niño a una educación integral.

Finalizado el trabajo en cada mesa, pasamos a una Plenaria de Cosecha, donde cada grupo compartió las ideas surgidas desde la experiencia, el compromiso y el respeto creativo del debate.

Concluimos con un compromiso personal de cada docente, plasmado en una hoja con la frase «Para que mi aula sea más diversa mañana voy a…» motivándonos a regresar a las aulas dispuestos a ofrecer a cada estudiante una verdadera oportunidad de transformación.

Los aplausos, las sonrisas compartidas, el compañerismo, las tortas y las alegres fotografías nos acercaron a Joaquina de Vedruna, recordando que “la alegría es la principal virtud”.

Este café pedagógico nos recordó que la inclusión no consiste en dar a todos lo mismo, sino en ofrecer a cada persona lo que necesita para tener las mismas oportunidades.

Prof. Georgina Orta