Hermana Karen Jaramillo profesa sus primeros votos en Bogotá: “Libre para siempre por tu amor”

El 9 de julio, en la fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, tuve la alegría de profesar mis primeros votos como Hermana Carmelita de la Caridad Vedruna, en la Parroquia Santa Joaquina de Vedruna, en Bogotá. Fue un día profundamente significativo para mí, no solo porque inicié una nueva etapa en mi camino vocacional, sino también porque esa misma fecha marcó años atrás el comienzo de mi proceso de formación. Sentí que Dios volvía a decirme que su fidelidad ha acompañado cada paso de mi historia.

Al recibir la medalla de la Congregación renové mi deseo de pertenecer cada vez más a Cristo y de seguir a Jesús viviendo los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, inspirada por el carisma de Santa Joaquina de Vedruna. El lema me acompañó esta celebración, «Libre para siempre por tu amor», expresa el anhelo más profundo de mi corazón: responder con libertad y confianza al amor con el que Dios me ha llamado.

Uno de los regalos más grandes de este día fue poder celebrar también en El Oasis, junto a la comunidad cristiana que me acompañó en los primeros pasos de mi camino de fe y de discernimiento vocacional. Volver allí, después de dos años, fue reconocer que Dios se vale de muchas personas y comunidades para ir tejiendo una vocación. Compartir con ellos este momento fue una forma de agradecer la oración, el cariño y el acompañamiento que sembraron en mi vida desde el comienzo.

Otro momento que guardaré siempre en mi corazón fue la presencia de mis padres. Poder tenerlos conmigo en un día tan importante fue un regalo inmenso de Dios. De manera especial, me conmovieron profundamente las palabras que mi mamá expresó en nombre de los dos. Su mensaje fue sencillo, lleno de amor y de fe, y confirmó cuánto ha significado para ellos acompañar este camino, incluso en medio de los desafíos que ha implicado. Sentí que, de alguna manera, también ellos ofrecían su propio «sí» junto al mío.

Después de la celebración compartimos un espacio fraterno. Más que un compartir, fue un signo de familia, de comunión y de la alegría que nace cuando una vocación es acogida como un regalo para todos.

Hoy solo puedo dar gracias a Dios por su fidelidad. Gracias a mis hermanas de comunidad, a la comunidad del Noviciado de VedrunaAmérica (Brasil) a mi familia, a mis amigos, a las comunidades que han hecho parte de mi historia y a todas las personas que me han sostenido con su oración. Cada una ha sido instrumento del Señor para fortalecer mi vocación y recordarme que nunca camino sola.

Confío este nuevo tiempo a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y a Santa Joaquina de Vedruna, para que continúen acompañándome y enseñándome a vivir libre para siempre por su amor, haciendo de mi vida un servicio de amor, cercanía y esperanza.

Hna. Karen Lorena Jaramillo Cardona