Celebrar un acontecimiento no es traer al presente nostálgicos recuerdos, sino hacer memoria de una historia de vida y esperanza que fortalece nuestro presente y revitaliza los sueños de cara al futuro. Algo así sucedió el 22 de mayo en la Casa de la Iglesia, cuando nos reunimos más de cien personas para compartir la alegría de coincidir, de sentirnos vecinas y vecinos de formas diversas, de regalarnos momentos únicos y duraderos en tantos espacios, acompañadas y acompañados por el carisma Vedruna aquí, en Salamanca y su provincia.
Un carisma que está cumpliendo 200 años y que, desde la segunda mitad del siglo pasado, se hizo encontradizo en nuestras vidas de la mano de mujeres fuertes y diligentes que nos regalaron el sueño de Joaquina de Vedruna en tantos proyectos, presencias y tiempos. El encuentro lo vivimos en tres momentos y tres espacios, físicos y simbólicos a la vez.
Primer momento: coincidir
Todo empezó en el salón de actos, a las seis de la tarde, con una canción: “Coincidir” (que todas y todos recordamos en la voz de Pablo Milanés). Aunque a cada uno y cada una de quienes estábamos allí nos habían traído al encuentro personas, experiencias, lugares y tiempos distintos, cuando Laura nos invitó a cantar esa canción, algo nos vinculó de forma nueva pues…tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir era el mejor regalo, la mejor acción de gracias que, aún apenas intuida, iba a acompañarnos, como una banda sonora, a lo largo del encuentro.
Con suavidad, pero con verdad, Mercedes y Herminia nos acercaron a los orígenes, a hace 200 año cuando Joaquina de Vedruna comenzó a soñar una forma nueva de nombrar el amor, se decidió a gestar un proyecto que la abrazó y la hizo una líder valiente. Un proyecto orientado a cultivar un modo de relación generador de procesos capaces de reconocer la dignidad de las personas, fomentar la conciencia crítica, la solidaridad y el compromiso con la justicia social. Un proyecto que se convirtió en el modo Vedruna de anunciar la Vida y Aquel que vive, Jesús el Señor resucitado.
María desde Pizarrales, Lola desde Alfonso VI, y María desde Martiago nos llevaron de viaje por su historia en Salamanca y nos invitaron a reconocer, agradecer, bendecir la experiencia de coincidir…, de hacer camino juntas y juntos, de aprender y acompañarnos para cambiar el mundo.
La semilla Vedruna llegó a Salamanca en los años sesenta del siglo pasado, entre los avatares del Vaticano II y los cambios sociales y culturales de una España que se acercaba a la democracia, frágil pero cargada de utopía. En esos años, las Vedruna, con luces y sombras, como todo, supieron leer la realidad, atisbar las necesidades, buscar caminos de encarnación y encuentro. Ahí nos dijeron que el camino se hace mejor juntos y todos, todos, todos, sin excluir a nadie donde cada uno/a tenemos un lugar. Ahí coincidimos y nos hicimos familia.
Segundo momento: «Os llamo amigas y amigos«
Sin prisa, nos movimos al espacio de la iglesia para celebrar la Eucaristía presidida por nuestro amigo y compañero Carlos Martín, acompañado de sacerdotes amigos. Y allí reposar lo vivido y agradecer todo lo que ha tejido nuestra historia compartida, los tiempos que poco a poco forjaron los vínculos que nos hicieron compañeros y compañeras de aventura, que nos invitaron a una casa de puertas abiertas donde el amor siempre tenía la última palabra.
En ese espacio que siempre convoca celebramos la historia hecha carisma Vedruna, la experiencia de hacer camino como Jesús de Nazaret sanando, educando, liberando… Una historia que se dejaba abrazar en los instantes que se hacían oración y canto, en las palabras sentidas y la fe compartida de todos/as y de cada una/o, en la acción de gracias que, con la voz de Concha, se hizo vida cotidiana, conversación y manos que siempre sostienen.
Tercer momento: saboreando lo vivido
Por fin, cayendo ya la tarde, en el patio las voces se hicieron fiesta. Saboreando el encuentro, entre saludos, recuerdos y noticias compartimos la comida y la bebida que, una vez, más se hizo símbolo de que celebrar merece la pena.
Gracias Joaquina de Vedruna porque seguiste la inspiración del Espíritu y por tu mediación y fidelidad, hoy recibimos y celebramos estos vínculos de arraigo en Salamanca que nos hace más humanos/as y luminosos/as.
Gracias compañeras Vedruna por este encuentro, por lo que sois y por lo que somos juntos y juntas…por coincidir y construir a nuestro lado.
Carmen Soto, ssj



