En el marco del Bicentenario de la Congregación de las Hermanas Carmelitas Vedruna, jóvenes representantes del Movimiento Juvenil VedrunAmérica (MJV) vivieron una experiencia profundamente significativa al peregrinar hacia los orígenes del carisma. Recorrer las calles de Barcelona y Vic, visitar el Manso Escorial y acercarse a los lugares donde Santa Joaquina de Vedruna inició su misión les permitió pasar de conocer la historia a experimentar personalmente la fuerza de un legado que, doscientos años después, continúa vivo.
Más que un viaje, el encuentro fue una experiencia de fe, fraternidad, espiritualidad y misión. Los jóvenes regresaron a sus países con el corazón renovado y con la certeza de que el carisma Vedruna sigue siendo una invitación actual a amar, servir, acompañar y transformar la realidad.
Para Jhonneyck Moreno, de Colombia, peregrinar a los lugares de origen significó pasar de los libros a la vivencia directa. Conocer el Manso, la casa natal de Joaquina y otros lugares significativos adquirió un sentido especial, pero lo que más le conmovió fue el encuentro con personas de diferentes países y culturas. Regresa con un profundo cariño por esta gran familia internacional y con la invitación a otros jóvenes a atreverse a caminar juntos y dar pasos grandes.
Desde Brasil, Álvaro vivió el encuentro como una llamada especial de Dios. Recorrer Vic, visitar el Manso Escorial y orar ante Santa Joaquina le permitió comprender con mayor profundidad que toda su vida estuvo entregada al Buen Jesús, fuente del amor generoso que impulsó su misión. Regresó con la fe fortalecida, esperanza renovada y un compromiso misionero más firme. Deyse, también de Brasil, reconoce que la experiencia la llevó a revisar su camino personal, profesional y vocacional. Inspirada en Joaquina, encontró fuerza para vivir con mayor amor, valentía y esperanza. Las amistades construidas con jóvenes de diferentes países fueron, para ella, un verdadero regalo y un auténtico renacer.
Para Lili, de Perú, el encuentro confirmó que no basta con escuchar: es necesario actuar. Ante las dificultades del mundo actual, los jóvenes están llamados a ser una luz de esperanza y a mantenerla encendida mediante la misión que realizan en sus comunidades. Como Santa Joaquina, están invitados a salir al encuentro y llevar el carisma a la vida cotidiana.
Sol, de Argentina, destaca la alegría de haber encontrado amigos, canciones, abrazos, oración y una gran familia. Lo vivido se convierte ahora en una invitación a transmitir el carisma en cada acción y gesto, con amor y alegría. Mariana, de Colombia, resume su experiencia en palabras como paz, espiritualidad, camino, dirección y amistad. Destaca la acogida recibida y la alegría compartida, que le permitieron regresar con una renovada claridad espiritual.
Valery, de Venezuela, se siente llamada a vivir la fe con la misma audacia de Santa Joaquina, quien nunca puso límites al amor y supo descubrir a Dios en lo sencillo. Le marcó especialmente su visión de futuro y la fraternidad experimentada durante el encuentro. Descubrió que, en cada rostro y en cada gesto de apoyo, podía encontrarse la presencia de Jesús.
Desde Argentina, Carolin resalta la riqueza de compartir con personas de diferentes culturas y reconoce en Santa Joaquina un legado plenamente actual: vivir en comunidad, poner los propios dones al servicio de los demás y ser siempre una casa de puertas abiertas. Verónica, de Venezuela, descubrió que la vocación no se vive en soledad, sino dentro de una comunidad que acompaña, sostiene y anima. El encuentro la impulsa a seguir buscando la voluntad de Dios con un corazón abierto y confiado.
Las jóvenes de Chile, Micaela y Antonia expresan el compromiso de llevar lo vivido a su país. Micaela reconoce que queda un largo camino para seguir esparciendo la semilla sembrada por Joaquina hace doscientos años. Antonia destaca que Santa Joaquina nunca fue indiferente ante las necesidades de los demás, sino que actuó para transformarlas. Por ello, entiende el encuentro como una llamada a mirar las distintas realidades, superar obstáculos y convertir la fe en una corriente de agua viva.
Finalmente, Nicol, de Perú, resume un sentimiento compartido por todos: la Familia Vedruna no conoce fronteras. Desde el primer momento experimentó una acogida tan cercana que se sintió en casa. Las diferencias culturales quedaron superadas por un mismo corazón y un mismo carisma. Ver a tantos jóvenes viviendo su fe con alegría renovó su deseo de servir y confirmó que, cuando se camina unido por un mismo sueño y una misma fe, nacen vínculos capaces de superar cualquier distancia.
Estos testimonios muestran que el Bicentenario no es solo una celebración de la historia, sino una oportunidad para renovar el presente y proyectar el futuro. Cada joven regresa llevando consigo una parte de lo vivido y el compromiso de hacer crecer el carisma en nuevas realidades.
Dos siglos después, la semilla sembrada por Santa Joaquina sigue dando fruto en nuevas generaciones. Son voces que se convierten en otras voces, multiplicando esperanza, fraternidad y amor generoso. El camino continúa y el carisma Vedruna, en manos de los jóvenes, tiene todavía mucho por florecer.
Hna. Inés Rojas Mori, ccv



