El 25 de julio, los equipos de Pastoral y Psicología realizaron una jornada de capacitación dirigida a los docentes sobre los principios y pasos de la Comunicación No Violenta (CNV). Fue un encuentro enriquecedor que combinó espacios de convivencia durante el café y el almuerzo, un momento de espiritualidad inspirado en el encuentro de Jesús con la samaritana, destacando la importancia del diálogo como camino de transformación, una representación teatral y la presentación teórica y práctica de la metodología, desarrollada mediante diversas dinámicas participativas.
La Comunicación No Violenta es un modelo de comunicación desarrollado por el psicólogo estadounidense Marshall B. Rosenberg, autor del libro “Comunicación No Violenta: un lenguaje de vida (2006)”. Esta propuesta busca favorecer relaciones más empáticas, respetuosas y constructivas mediante cuatro pasos fundamentales: observar sin juzgar, reconocer los sentimientos, identificar las necesidades y formular peticiones claras.
Observación. Consiste en distinguir la observación de la evaluación. Cuando mezclamos los hechos con nuestros juicios o interpretaciones, las personas suelen percibirlos como críticas y reaccionan a la defensiva. Por ello, es importante describir las situaciones de manera objetiva, concreta y situada en un tiempo y contexto determinados.
Sentimientos. Nos invita a reconocer y expresar los propios sentimientos. Desarrollar un vocabulario que permita identificar con claridad las emociones favorece una comunicación más auténtica y una mejor conexión con los demás. Cuando nos mostramos vulnerables al expresar lo que sentimos, facilitamos la resolución de los conflictos. La CNV distingue los sentimientos genuinos de aquellas expresiones que, en realidad, reflejan pensamientos, juicios o interpretaciones.
Necesidades. Consiste en identificar las necesidades que se encuentran detrás de nuestros sentimientos. Lo que otras personas dicen o hacen puede ser un estímulo, pero no la causa de nuestras emociones. Cuando alguien recibe una crítica, suele dedicar su energía a defenderse o contraatacar. En cambio, cuanto más logremos conectar nuestros sentimientos con nuestras necesidades, mayores serán las posibilidades de que los demás respondan con comprensión y de manera asertiva.
Petición. Se refiere a expresar con claridad aquello que deseamos pedir para enriquecer la relación y favorecer el bienestar mutuo. Se procura evitar expresiones vagas, ambiguas o negativas, formulando peticiones concretas y en un lenguaje positivo. Cuanto más específica sea la solicitud y más clara la respuesta que esperamos, mayores serán las posibilidades de ser comprendidos.
Durante la jornada también se presentó el ejemplo de Santa Joaquina de Vedruna, analizando la forma en que se comunicaba con las personas a través de sus cartas (Cartas nos 41 y 97). En ellas descubrimos que, más que centrarse únicamente en la manera de comunicar, Joaquina sabía distinguir a la persona de su comportamiento. Incluso cuando debía corregir a una hermana o afrontar situaciones difíciles, procuraba salvaguardar siempre su dignidad.
Joaquina valoraba profundamente el diálogo y el discernimiento. En sus cartas expresaba con sinceridad sus alegrías, preocupaciones, esperanzas y sufrimientos, poniéndolo todo en manos de Dios. Frente a las necesidades de las personas, buscaba acogerlas, mediar en los conflictos y ofrecer ayuda en la medida de sus posibilidades. Al formular peticiones, ejercía la autoridad con amor, diálogo y confianza, inspirando a los demás mediante el testimonio más que por la imposición.
Santa Joaquina nos enseña que una buena comunicación nace del amor, la escucha y el respeto hacia el otro. Su ejemplo nos invita a cultivar el diálogo con empatía, acoger las diferencias y construir, cada día, relaciones más humanas, fraternas y evangélicas.
Hna. Maria Júlia da Conceição Souza, CCV



