Después del terremoto, Venezuela entera está viviendo días de gran emotividad. Y nosotros, como parte del personal de El Colegio Carmelo de Cagua, no escapamos de ello. Por una parte, nos invade el dolor por la pérdida de tantas mujeres, hombres, jóvenes y niños; familias enteras que partieron al cielo y miles de familias que hoy luchan con esperanza por salir adelante. Todo ello contrasta con la alegría que despierta cada persona encontrada con vida entre los escombros, gracias al esfuerzo y la perseverancia de quienes participan en las labores de rescate.
Hemos visto también a un país unido para ayudar, donar y salir al encuentro de las víctimas, brindándoles consuelo en medio de su dolor. Nuestro Centro Educativo El Carmelo de Cagua se convirtió en un centro de acopio para recibir las donaciones de nuestra comunidad, destinadas a Las Colinas de Pequiven, en Morón, estado Carabobo. Allí acudimos para visitar, acompañar, contener y hacer entrega de la ayuda a las personas afectadas. Pudimos contemplar de cerca la incertidumbre en la mirada de los niños y la preocupación de mujeres y hombres que perdieron sus hogares y sus pertenencias.
También llevamos consuelo al Colegio Santa Luisa, de Prados de María, en Caracas, entregando medicinas, agua, alimentos para niños, útiles escolares y sandalias para 50 niños. La necesidad es inmensa y abarca todos los ámbitos.
La solidaridad se hace concreta en la donación de insumos, en el encuentro cara a cara con quienes sufren y en la oración fraterna que realizamos el viernes 3 de julio. Invitamos a que cada persona continúe orando diariamente, pues sabemos que el encuentro con el Buen Jesús siempre llega a tiempo para fortalecer, dar serenidad y sostener la esperanza de todos.
Descubrimos también que esta misión va más allá de la ayuda inmediata: necesita mantenerse en el tiempo, porque las necesidades aumentan cada día. Por ello seguiremos firmes, disponibles y dispuestos a extender nuestros brazos a quienes más lo necesitan. Un solo gesto no basta; debemos perseverar, porque, como nos recuerda el lema, «el amor nunca dice basta» y se hace realidad en los gestos concretos de cada día.
Blaxinia Espinosa y Carolina Quintero



