Fiesta de Santa Joaquina de Vedruna: gratitud, memoria y compromiso

La celebración de Santa Joaquina de Vedruna, en el contexto del Bicentenario Vedruna, en la Institución Educativa Santa Úrsula de Sullana, Perú, estuvo marcada por la sencillez, pero también por una profunda riqueza de gestos, símbolos y experiencias que hicieron vibrar el corazón de toda la comunidad educativa. Durante esta significativa jornada, la presencia de Santa Joaquina de Vedruna y la fuerza de su legado se hicieron sentir en cada ambiente, recordándonos el valor de una mujer que, con fe, valentía y amor, abrió caminos de esperanza para muchas personas.

El espíritu que predominó durante toda la celebración fue el de la “gratitud”. Gratitud por contar con una mujer extraordinaria como patrona de nuestro colegio y por la huella imborrable que ha dejado en la historia de la educación, de la Iglesia y de tantas comunidades que continúan inspirándose en su carisma. En cada aula se hizo memoria agradecida de su vida y misión, reconociendo cómo su legado sigue inspirando a nuevas generaciones.

Bajo el lema “Celebramos unidos el legado de Joaquina”, estudiantes, docentes, familias y colaboradores participaron en una semana llena de actividades que fueron mucho más que presentaciones artísticas. Las danzas, murales, representaciones teatrales, cantos y celebraciones litúrgicas se convirtieron en expresiones de amor, gratitud y compromiso con el carisma Vedruna. Cada estudiante ofreció sus talentos con entusiasmo, haciendo visible que la vida de Joaquina sigue iluminando nuestro camino y dando sentido a nuestra misión educativa.

Para muchos, la celebración permitió redescubrir la profundidad de la historia de Joaquina. Los estudiantes comprendieron que detrás de estos días festivos existe una mujer que afrontó dificultades con fortaleza y perseverancia, y cuyo legado hoy continúa vivo en numerosos países y culturas. Durante todo el mes, las distintas áreas pedagógicas incorporaron aspectos de su vida y obra, ayudando a los alumnos a comprender que el carisma Vedruna no pertenece únicamente al pasado, sino que continúa inspirando el presente.

Charlie León Navarro, exalumno de una obra Vedruna y actual colaborador del colegio, destacó el orgullo de formar parte de esta conmemoración. Recordó que desde pequeño recibió las enseñanzas sobre la vida de Joaquina y que hoy le emociona comprobar cómo ese mismo espíritu sigue presente en niños y jóvenes que participan activamente en las celebraciones. Ver a los estudiantes representar su vida, compartir sus enseñanzas y hacer propios sus valores es, para él, una señal de que el legado de Joaquina continúa trascendiendo generaciones.

Esa misma convicción se reflejó en los testimonios de los estudiantes. Muchos expresaron que la semana central de celebraciones es sólo la culminación de un proceso que comienza mucho antes, en las clases, los ensayos y el trabajo compartido. La preparación de canciones, obras teatrales y actividades culturales fortaleció los lazos de amistad y el sentido de pertenencia a la Familia Vedruna. Más allá de los nervios y el esfuerzo, todos coincidieron en que cada momento vivido valió la pena porque permitió conocer más profundamente a Joaquina y aprender de su ejemplo de entrega y confianza en Dios.

La celebración alcanzó uno de sus momentos más significativos durante la Eucaristía central, donde toda la comunidad educativa se reunió para agradecer a Dios por estos doscientos años de historia y por la oportunidad de continuar la obra iniciada por Joaquina. Allí se renovó también el compromiso de seguir construyendo una educación basada en el amor, la humanidad y la fraternidad.

Las muestras de gratitud se extendieron a las Hermanas Carmelitas de la Caridad Vedruna que, durante dos siglos, han mantenido vivo el sueño de Joaquina. “Gracias, hermanas, por haber mantenido vivo su legado”, fue una expresión repetida por numerosos miembros de la comunidad. Gracias por transmitir una herencia espiritual y humana que hoy une a religiosas, laicos, comunidades educativas y obras apostólicas en una sola Familia Carismática.

Este Bicentenario no sólo ha sido una ocasión para recordar el pasado, sino también para renovar el compromiso con el presente y el futuro. El carisma Vedruna continúa haciéndose presente allí donde más se necesita. En el asentamiento humano Los Olivos, en Sullana, las Hermanas y jóvenes voluntarios acompañan a niños y adolescentes en su formación integral, compartiendo esperanza en medio de la vida cotidiana. También allí se vivió la fiesta de Santa Joaquina, enmarcada en las celebraciones del Bicentenario con un profundo sentimiento de gratitud por la presencia cercana de las Hermanas y por la fidelidad de tantas mujeres que hicieron posible que este carisma llegara hasta esta realidad.

«Celebrar el Bicentenario es recordar a una gran persona que dedicó su vida a servir a los demás sin esperar nada a cambio. Un ejemplo que sigue invitándonos a ser referentes para los más pequeños y a transformar nuestro entorno mediante gestos sencillos de amor y solidaridad”

Adriana Castillo, joven de la comunidad de Los Olivos

Hoy todas y todos nos sentimos parte de una misma familia. Unidas por el legado de Santa Joaquina de Vedruna, renovamos nuestra misión de seguir construyendo comunidades más humanas, inclusivas y fraternas. Con alegría y esperanza, grandes y pequeños elevamos una sola voz para proclamar:

“Somos Vedruna, somos familia”

Hna. Inés Rojas Mori, ccv