Dieron su vida a causa de su fe

El día 6 de noviembre la liturgia celebra los y las mártires que dieron su vida, a causa de su fe en Jesucristo en 1936. Recordamos a las nueve Hermanas del asilo de Cullera, la comunidad en pleno; las doce de la Casa de Misericordia de Valencia; tres más en casa de sus familiares; finalmente, la madre general, Polonia Lizarraga, más conocida por su nombre de religión como madre Sacramento, en la checa de San Elías de Barcelona, donde se perpetraron las peores torturas imaginables; un matadero con horno crematorio incluido. Hoy se visita el lugar, que corresponde a la cripta de la parroquia de Santa Agnès. 

El Papa León XIV dijo en el Congreso titulado El siglo XXI, ¿un nuevo tiempo de mártires?: “nuevos testigos de la fe son asesinados por abuso de poder o por organizaciones criminales porque, como cristianos, se oponen a las injusticias en nombre del Evangelio”.

Entre estos testigos está nuestra Hna. Felisa Urrutia, asesinada en Cagua, Venezuela,  el 19 de marzo de 1991, por denunciar injusticias, defender a los marginados y acompañar especialmente a las mujeres que sufrían el peso del machismo y el abandono.

Y seguramente en nuestra Familia Vedruna tenemos mártires anónimos, verdaderos testigos de la fe, de los que también hacemos memoria agradecida y celebramos su compromiso con el Evangelio y con la defensa de la humanidad oprimida.   

Ante toda esta violencia contra los inocentes decimos ¡nunca más! y se imponen el perdón y la paz. Si realmente somos seguidoras de Jesús y recordamos sus palabras: es concluyente cuando dice a Pedro que hay que perdonar setenta veces siete. Es decir, siempre. En la cruz da razón de la fragilidad humana: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. 

Para el papa Francisco el perdón es el oxígeno del alma y de la sociedad, que purifica el aire contaminado por el odio. No es opcional; perdonar al prójimo no es una buena acción facultativa, sino una condición fundamental para el cristiano.

El papa León XIV apunta unas claves para el perdón: “Es indispensable para la paz, sin él no es posible construir una convivencia sana; libera y devuelve la luz, permite ver el futuro con esperanza; no es sinónimo de debilidad ni de olvido, pero impide que el rencor decida el futuro; es un don que precede al arrepentimiento, un regalo de amor incondicional”.

Hna. María Teresa Llach, ccv


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