XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada – 2 de febrero de 2026
En la fiesta de la Presentación del Señor, este 2 de febrero de 2026, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, un tiempo propicio para contemplar, agradecer y renovar el don de esta vocación al servicio del Reino.
El lema de este año —Vida consagrada, ¿para quién eres?— resuena con especial hondura en nuestra Familia Vedruna, presente en el Continente Americano. Esta pregunta interpela la identidad y la misión, y nos conecta profundamente con la intuición fundacional de Santa Joaquina de Vedruna, quien comprendió la vida consagrada como una entrega sencilla, audaz y compasiva, especialmente al servicio de la mujer y de los más vulnerables.
Esta Jornada es una ocasión para agradecer y reconocer públicamente la labor de quienes han abrazado la vida consagrada como una forma radical de seguir a Cristo, así como para honrar la fidelidad de quienes encarnan esta vocación en medio del mundo.
Es también un momento privilegiado para invitar a las nuevas generaciones a discernir su llamado a la vida religiosa, a las vocaciones laicales o a diversas formas de compromiso eclesial, a través de la oración y el servicio. La pregunta ¿para quién eres? nos conduce a una reflexión profunda sobre la misión personal, no sólo como respuesta a la llamada de Dios, sino como servicio concreto a la Iglesia y a la humanidad.
Esta interpelación, nacida de la memoria del Congreso de Vocaciones 2025, se despliega en tres preguntas clave: ¿a quién llamas?, ¿a quién buscas? y ¿a quién sirves?; un itinerario de discernimiento que fortalece la cultura vocacional en América y en el mundo.
La pregunta que hoy plantea la Iglesia no es nueva para el carisma Vedruna. Desde los inicios de la Congregación, Santa Joaquina respondió con una vida ofrecida sin reservas, una vida para Dios, para la Iglesia y, de manera muy concreta, para la mujer y los más vulnerables. Celebrar esta jornada en el contexto del Bicentenario Vedruna es reconocer que la vida consagrada no es sólo memoria del pasado, sino una vocación viva que sigue preguntándose y respondiendo con misión y fidelidad creativa al Evangelio.
Como Santa Joaquina, la vida consagrada Vedruna continúa diciendo hoy, desde América Latina: una vida para Dios, para la Iglesia y para el mundo, especialmente para los más vulnerados de la historia, con la audacia y la esperanza de quien sigue caminando hacia el futuro, fiel al carisma recibido hace 200 años.
Hna. Isabel Miguélez, ccv



