Entre octubre de 2025 y enero de 2026, las hermanas María Teresa Cuervo y Maggie D’Costa realizan la visita del Equipo General a varios países de la Provincia de Vedrunamérica.
Esta es la tercera crónica de su visita, entre los días 16 y 23 de noviembre de 2025, en los que compartieron con las dos comunidades Vedruna de Uruguay: en Chacarita, un barrio de Montevideo, y en Melo.
El pequeño grupo de Uruguay está formado por siete hermanas, en su mayoría uruguayas. El carisma Vedruna llegó al país hace más de 90 años y, a lo largo de su historia, ha vivido cambios importantes en la manera de ponerlo en práctica.
Es notable la vitalidad y el compromiso de los Laicos Asociados (LV) en las comunidades cristianas y con los vecinos del barrio, así como en las diversas necesidades del entorno. Además, en una de las comunidades hay un grupo de Laicos que integra el equipo de salud alternativa, formado por unas 11 personas.
Las comunidades de Chacarita y Melo
En ellas, las hermanas desempeñan diversas tareas dentro de la misión: trabajan en una escuela privada, realizan sustituciones en una escuela pública y apoyan un proyecto de atención a menores que necesitan ayuda específica. Además, ofrecen un servicio de salud alternativa que desarrollan junto con un grupo de laicas.
Uno de los servicios más significativos que prestan es la celebración de la liturgia en la comunidad cristiana. La falta de sacerdotes es especialmente visible en la zona de Melo, donde el sacerdote debe atender dos parroquias muy grandes y no siempre puede llegar a todos los sectores.
Las labores de tejido en crochet y a dos agujas están a cargo de las laicas. A través de estas actividades, se generan espacios de formación y socialización para personas jubiladas. El grupo de laicos que ofrece servicios de salud alternativa atiende una vez al mes, mientras que la hermana responsable del programa recibe diariamente a quienes necesitan este acompañamiento.
Durante la visita participamos en las actividades propias de la comunidad: la oración compartida, conversaciones muy amenas durante la sobremesa sobre la realidad del país y, además, disfrutamos de las deliciosas empanadas, pasteles de verduras y enrollado.
En las dos reuniones comunitarias que tuvimos, la participación y las reflexiones nos hicieron pensar que los temas fueron de su interés y significativos para su vida cotidiana.
Asamblea de Uruguay
En la reunión de país estuvieron las siete hermanas de Uruguay, y con ellas reflexionamos sobre “Sinodalidad y liderazgo compartido”, visto desde la realidad del país. Fue un encuentro muy valioso, porque, a pesar de las responsabilidades y el trabajo de cada hermana, logramos reunirnos todas y realizar un buen trabajo de grupo.
Las resonancias fueron:
- La sinodalidad se presenta como un camino que impulsa a soñar, renovarse y crecer en humanidad. Favorece una espiritualidad que profundiza la interioridad y aumenta la sensibilidad ante los demás.
- Ayuda a aclarar, interpelar y tomar conciencia del momento histórico que se atraviesa, marcado por un cambio de época y una nueva relación con Dios.
- Esta visión apuesta por una misión vivida en clave sinodal, capaz de ensanchar el corazón y abrir a nuevas formas de encuentro y comunión.
- Sinodalidad como camino.
- Renovación y humanización.
- Interioridad / espiritualidad que transforma.
- Sensibilidad y cercanía a los demás.
- Conciencia del momento histórico y el cambio de época.
- Nueva relación con Dios: espiritualidad integral y ecológica
- Misión sinodal que ensancha el corazón.
Nos ha llamado la atención…
- La mateada no puede faltar para los encuentros: para la cultura uruguaya es muy importante el mate: una bebida tradicional hecha con yerba mate, agua caliente y una bombilla, consumida en un recipiente llamado porongo o calabaza. Se distingue por su sabor amargo, aunque se puede endulzar, y es una parte central del ritual social del país, que simboliza la amistad y la unión al ser compartido en grupos. La preparación incluye llevar agua caliente en un termo y, durante el consumo, la bombilla no se remueve ni se limpia para pasarlo a la siguiente persona. “En Uruguay, una mateada no es solo el acto de tomar mate. Es un espacio de encuentro sencillo y fraterno donde nos reunimos para compartir la vida. El mate, más que una bebida, es un gesto de cercanía: se pasa de mano en mano, abre la conversación, da lugar a la escucha y crea comunidad. En cada mateada se teje un clima de confianza y familia, donde lo importante no es el mate en sí, sino el estar juntos.”
- Ambiente festivo, celebrativo: Con todos los grupos con los que estuvimos, pudimos percibir su ambiente festivo y “su alegría serena”: el gusto por compartir no solo el mate, sino algo más de su comida típica, lo vimos en todas las celebraciones.
- El paisaje uruguayo es precioso: de hecho, aquí suelen decir, Uruguay onduladito.. porque las montañas son escasas y no muy altas, las llanuras inmensas en las que se observa a las vacas compartiendo espacio con las ovejas y los caballos, son hermosas. Nos llama la atención porque, hasta ahora, solo conocíamos espacios separados para vacas, ovejas y caballos.
- También resultó llamativo que las mujeres de las zonas rurales tienen una cabellera larga y abundante, y que, al salir de su entorno, la sueltan y la muestran con orgullo.
- Sensibilidad ante adicciones. Es notable la sensibilidad de las laicas Vedruna y de las hermanas hacia las jóvenes en proceso de recuperación de adicciones. Cada semana visitan la Fazenda, donde llevan actividades preparadas, ofrecen espacios de escucha, comparten la merienda y participan en las actividades del lugar. Las jóvenes las reciben con mucha alegría.
- Al borde de las autopistas: Al retorno de Melo, nos fijamos en que las familias, parejas o personas solas buscan una zona de aparcamiento segura y se sientan a contemplar la naturaleza y su encantador atardecer.
Esta es la tercera crónica de esta visita. Ya se pueden leer los demás relatos de este viaje:



